El dotorcito
Él era el personaje del pequeño pueblo. En el pequeño pueblo él era el personaje que todos conocían. Era un integrante más en cada la familia de cada uno de los habitantes. Todos lo querían, . Pporque él no sabía de horarios, ni feriados., salvo los 15 días de vacaciones en los que se escapaba todos los años con su familia a ver a “los viejos”. En el pueblo había dos médicos más, pero él era “el “dotorcito”. Visitaba a sus pacientes a domicilio, o los recibía en el consultorio de su casa. Las internaciones, en caso de que las hubiese, se realizaban en un dispensario de servicios bastantes limitados. En caso de necesitar internación, lo hacía en una clínica bastante limitada en servicios pero de gran voluntariado.
Un día fue a verlo doña Elvira, la esposa de un campesino, que a raíz de las lluvias de los días anteriores, había sufrido una caída en su casa y se había golpeado el hombro derecho. Los resultados de rayos revelaron una luxación.
–Mire, doña Elvira, vamos a tener que llamar al traumatólogo para que le acomode el hombro y también al anestesista porque no se puede hacer de otra manera porque es muy doloroso. Pero es Será un ratito nada más. Véngase el próximo jueves, cerca de las nueve así le colocamos el hombro en su lugar.
A la mañana del jueves siguiente la paciente estuvo puntualmente a las nueve 9.00. Cumplidos los protocolos entró al quirófano confiada en su amigo. y Aafuera esperaban su esposo y sus tres hijos.
El tratamiento Todo transcurría con normalidad cuando un suspiro enronquecido de la paciente paralizó a todos.: los desesperados masajes e intentos de reanimación no sirvieron de nada, doña Elvira se había dormido para siempre.
–¡Qué hiciste, animal! –increpó el doctor al anestesista.
–¡Nada, es una reacción de la paciente!
–Ahora salí vos, imbécil, y explicale a la familia por qué se murió.
El doctor Acarició el cabello encanecido de su amiga y no pudo contener el llanto. Todo siguió su ritual como si nada hubiera pasado. Inspiró Respiró profundo varias veces tratando de reponerse. Bebió un poco de agua y salió a hablar con la familia. Don Pedro, el esposo de Elvira, se le acercó ansioso, entonces, él lo abrazó fuerte y le dijo:
–Pedro, no sé qué pasó, pero Elvira hizo un paro cardiorespiratorio y no logramos reanimarla a pesar de los intentos. Quiero aclararte que tienen el derecho a hacer todos los reclamos que consideren correspondan.
Se hizo un largo silencio. Los hijos se abrazaron entre sí, pero al igual que su padre, estaban educados con la premisa de que : “los hombres no lloran”. Abrazaron a su padre y se dispusieron a realizar los trámites pertinentes.
El calendario fue desgranando los días, hasta que una tarde, al abrir la puerta de su consultorio el doctor recibió a ahí estaba Pedro y a con su hijo mayor. En ese momento, Mientras atendía al paciente de turno en su cabeza se agolparonban los pensamientos más oscuros: demanda judicial, abogados, tribunales, etc., etc. Y llegó el momento de atenderlos.
–Hola, Pedro, hola, Marcelo –dijo, y los abrazó mientras se abrazaban. –Hola, Marcelo –y abrazó al hijo –. Siéntense. Los escucho. –dijo, mientras recomponía la voz.
Entonces, Pedro, con un castellano lleno de pellizcos itálicos le dijo:
–Mirá, dotore, nosotro vinimo a decirle que no vamo a hacer ningún reclamo. Dio la quiso a la Elvira allá con Él. Qué se le va a hacer, así es la vida. Nosotro seguimo confiando en vo.
Las palabras de ese tano bueno lo desarmaron, sintió sentía que las fuerzas lo abandonaban, pero se levantó de su sillón y se abrazó a esos hombres de cuyas miradas eran tan transparentes como sus almas.
Permanecieron abrazados mientras las lágrimas sellaban nuevamente su amistad.
Luisa, van algunas sugerencias para trabajar con el texto. Suprimimos algunas líneas que no hacen a la trama de la historia.

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