La mutación - Ejercicio Módulo 10 "Hacer creer" - Arreglado porque descubrí errores.

 


La mutación

Estábamos preparándonos para el año de la mutación. Cada familia arrastraba sus antepasados momificados y los depositaba en la Cueva de los Deseos. Todos debían estar ahí para que la mutación salga bien y podamos seguir viviendo, adaptándonos a cada nueva forma.

Los antepasados juntos, representando la reunión original, eran la ofrenda que brindábamos para mejorar nuestras presencias. Esto ocurría cada ciento siete años y yo tenía la suerte de experimentarlo.

Estaba nerviosa y atareada con el traqueteo de trasladar a los antepasados. Nos ayudábamos con los hermanos, primos y vecinos. Pero el trabajo era mucho. Además, teníamos que cuidar a los niños que se ponían a jugar con las momias sin entender la fragilidad que las caracterizaba, ni la importancia de su cuidado. Así que, mientras trabajábamos íbamos explicando a los más nuevos de las familias, qué era lo que estaba ocurriendo.

Era mucho esfuerzo y nerviosismo. La ansiedad de no saber cómo seríamos el año próximo jugaba en contra. Nos pasábamos las noches contando historias de mutaciones incompletas o extremadamente incómodas, como la de aquel enano al que le salieron alas, pero como era tan pesado nunca pudo volar; sin embargo, las alas no pararon de crecerle y le hicieron imposible desplazarse de cualquier manera. O de aquella viejita que mutó a mariposa, pero no había aprendido a chupar el néctar de las flores así que murió de inanición a los pocos días de la mutación. También se contaban historias de mutaciones fallidas, como la del joven que quedó siendo hombre, pero con la trompa de un elefante. El pobre no encontró cómo seguir viviendo, la trompa le molestaba para comer y no era aceptado en ningún grupo, así que terminó yéndose al desierto, suponemos que a morir.

Decían que esos errores eran consecuencia de un reproche de los dioses por el mal estado de los antepasados o porque éstos no fueron capaces de acordar en las asambleas.

En eso estábamos cuando se acercó el momento. Yo dejé de dormir y comer los últimos cinco días del año. El nudo en el estómago no me permitía tragar bocado y me pasaba las noches imaginando mi propia mutación y mi propio futuro. Repasando los modos en que habíamos dejado a nuestros anteriores, implorando que esta vez todo funcione.

Me preguntaba cómo sería mi nueva forma y mi nueva familia. Y esos pensamientos daban vueltas en mi cabeza todo el tiempo.

El primer día del año de la mutación, decidí dejar de pelear contra el insomnio y me levanté apenas despuntó el día. Recorrí con la vista todo mi cuerpo buscando la novedad. Como no encontré ninguna me dirigí al centro de la casa, fue ahí cuando me miré en el espejo y vi que en mi ojo derecho se retorcía una serpiente. Me quedé mirando firmemente el espejo y empecé a sentir la transformación: primero las piernas y los pies se convirtieron en diminutos palitos que no podían sostenerme, hasta que mi torso se achicó siendo ahora una especie de panza de la que salieron plumas y mi cabeza se empequeñeció tanto que ya no pude pensar.

Vi mi rostro diminuto conteniendo dos ojos marrones con unas hermosas pestañas. Del derecho salió la serpiente que comencé a devorar con mi boca devenida pico. Mientras mi pelo se agrupaba para ser una cresta elegante. Vi la serpiente que se retorcía mientras me la comía. Creo que esta vez, todo había funcionado, los dioses contentos, me habían otorgado un nuevo modo de estar y me agradaba.

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