El debut
No pude dormir casi nada esa noche, los nervios no
me dejaron hacerlo. Me tomé un té de tilo, antes de acostarme, porque sabía que
iba a ser difícil, pero igual, no pude. Sentía todo el tiempo ese vacío en el
estómago, esa sensación de nervios mezclada con emoción. En el insomnio repasé
todas las cosas que iba a hacer al día siguiente. Lo primero era probarme el
vestuario otra vez, pero ahora sola en mi casa, frente a mi espejo, con el
tiempo y la libertad necesaria para verme bien, completa, en los detalles.
Necesitaba ese encuentro con el vestido, la capelina, los guantes, las alhajas,
los zapatos y el pañuelo.
Quería practicar caminar, sentarme, saltar,
agacharme, realizar todos los movimientos que me permitieran sentirme cómoda y
segura en el escenario. Tenía pánico de que se me rajara la costura o que los
zapatos hicieran que me doble un pie. Me propuse pasar toda la mañana con el
vestuario completo, puesto. Luego del almuerzo vendría a visitarme mamá que
estaba tan nerviosa como yo y luego me iría para el teatro. Si bien la función
era a las nueve y media de la noche, los actores y actrices teníamos que estar
allí a las seis para probar luces y maquillaje.
Cansada de dar vueltas en la cama, a eso de las
siete decidí levantarme. Me bañé tranquila, sabiendo que disponía de tiempo. Me
puse crema en todo el cuerpo y me hice el tratamiento de barro en el rostro.
Luego me dirigí a mi habitación donde estaba todo el vestuario dispuesto,
esperándome.
Mientras me iba poniendo cada prenda, me miraba al
espejo para disfrutar de la mutación, de convertirme en Stella, la protagonista
de la obra de teatro que siempre quise hacer. Primero me puse las medias finas,
luego la blusa y el vestido. En ese instante me paré frente al espejo para
verme bien.
Verifiqué que no haya nadie cerca y trabé la
puerta de la habitación con la silla y la cajonera. Terminé de ponerme el
atuendo para convertirme en Stella. Me miré por delante y por detrás inclinando
el cuello lo más que podía sobre el lado derecho. Quería verme toda completa.
Por suerte el espejo que heredé de mi papá era enorme y aunque tenía algunas manchas,
podía verme de cuerpo completo. Yo era pequeña y delgada así que mi imagen se
reflejaba entera en el espejo. Cuando me puse el sombrero terminé de ser ella y empecé a caminar como ella lo
haría. Me pareció que sería apropiado tener en la mano una cartera pequeñita,
como las que usan las señoras como Stela cuando salen a pasear por la ciudad.
Busqué, pero no encontré nada a mano, así que decidí no perder tiempo. Empecé a
practicar el parlamento. Decía la parte de Stela con entonación y la del
personaje de Pedro, rápido sólo para darme el pie a mí misma.
Disfrutaba cada vez que decía: “quiero ser una mujer libre, hacer lo que
desee, no atarme a un marido, ni a una familia, quiero ser cantante y viajar
por ciudades y pueblos para encontrarme con gente distinta y conocer lugares
nuevos”. Era el sueño de Stella y era mi sueño. Después de repetir tres
veces toda la obra, me tiré en la cama y empecé a sacarme con bronca las partes
del atuendo. Yo no era Stella, ni iba a ser actriz, ni cantante. El viejo me
llamaba porque era la hora de la cena. Le grité que ya iba, que estaba
terminando de coser y empecé a convertirme otra vez en Rosa. Cuando terminé
volví a mirarme al espejo al pasar y te vi, Rosaura “mi nieta mayor”, te vi
lista para ser Stella. Estás haciéndolo conmigo, estamos haciéndolo juntas.

Me arriesgo a presentar esto estando muy insegura. No entiendo cómo es lo de la forma del cuento. Me costó mucho, pero lo presento para que me corrijan y poder entenderlo bien. Gracias.
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