(Cuento aun sin titulo)
Daniela De La Torre
- ¿Y eso?
- Un recuerdo
de Playa Parguito. ¿Vos también estuviste en la Isla Margarita? ¿no?
-Si, poco
tiempo, igual. ¿Compraste algo en esa tienda?
-Naaa, esa ropa no va conmigo. ¿Me imaginas con esas
faldas anchas? ¿Esas blusas con volados? Demasiado hippie jajá. ¿Y vos como sabes qué es de una tienda
de Parguito?
- Yo hice las primeras de esas bolsitas.
´- ¿Qué? Mentira.
-De verdad. Les hice algunos trabajos como diseñador
gráfico. Los dueños necesitaban bolsas artesanales para entregar a los clientes.
Pero era difícil conseguir papel de obra en el pueblo. Era muy chiquito.
- ¿De verdad me decís?
-Claro. Yo diseñé el logo de la tienda. Y les propuse
hacer bolsas con las telas que sobraban cuando la costurera cortaba la ropa. Con los retazos. También les hice los bastidores
para estamparles el logo con serigrafia
- ¿En serio? ¿Conociste al Mono y a la Petiza?
- Si, si. Traté mas con el Mono. Pero fui a un par de
reuniones a la casa de ellos. ¡Qué locos esos dos!¿No?
- ¿Vivían en la casa de la playa?
-Si. Pero el Mono estaba por mudarse al taller. Se
estaban por separar, pero después no. ¿Y por qué tanto asombro?
- ¿Y conociste a Alegría?
-No. ¿Quién era? ¿Una empleada del local?
- No. La hijita.
- ¿Alegría le pusieron? La petiza estaba embarazada cuando me fui de
Parguito, creo que por eso no se separaron al final. ¿Y vos por qué tienes una
bolsa entonces? ¿Te la robaste?
-No. Trabaje en la tienda una temporada. Ahí conocí a
Nati.
- Ah, mirá vos.
-Ella también trabajó en la tienda. Juntamos buena moneda
ahí. Después viajamos mas de dos meses sin trabajar. Increíble todo lo que viví
Parguito. Me acuerdo y me cuesta creerlo. Una película de Buñuel.
- Ahí la conocí a Laura. Ahí fue nos entraron robar. Muy
loco ese lugar. Se pusieron densas las cosas. Bueno, ya estaban mal y se
terminaron de complicar. En realidad, decidimos separarnos y cada uno se fue
por su lado, como rata por tirante. Después nos volvimos a juntar en Nicaragua.
¿Y vos por qué te fuiste si la pasabas también?
- ¡Mirá la hora qué es, Amor!¡ Vamos a dormir!
Ella doblo con apuro la bolsa de tela roja que aún
tenía entre las manos y la volvió a guardar en el al fondo del cajón de su ropa
íntima.
El bastidor, pensó. Yo tuve ese bastidor entre las
manos. La noche en que nos quedamos con el Mono y Nati imprimiendo las bolsas
de tela hasta la madrugada, y la Petiza dormía en el cuarto de arriba, medio
borracha y pasada de humos, y el Mono nos preparó banana con dulce de leche
para el bajón de la madrugada, y el Mono estaba feliz, y se reía, y bailaba
descalzo sobre el piso de madera, y su lengua negra de Fernet con cola, la vida
es una tómbola cantaba Manu Chao y el Mono saltaba y saltaba, y sus rulos se
agitaban como resortes. El Mono nos
contó esa noche del chico que le había hecho el bastidor. El Mono. El Mono y el
mar, su tabla de surf, su pava argentina medio enterrada en la arena de la
playa venezolana. La yerba, el mate, el sol naranja ahogándose en el mar, el
Mono saliendo del mar, y sus ojos de perdiz detrás de sus rulos húmedos chorreando
sal. “No podría vivir sin el mar”, siempre
decía “Mi hija y el mar”, decía.
Laura. Él y Laura se conocieron ahí también. Ellos se
fueron casi huyendo. Yo, definitivamente, hui. No podía seguir sosteniendo la
mirada de esos ojitos de perdiz. El corazón tiene razones que la razón no
entiende decía el Mono la última noche que lo vi, el Mono sonría sobre la hamaca
paraguaya que se mecía y mecía, y el sol salía a sus espaldas, y él no estaba
en su cama, y su esposa no sabía dónde
estaba el Mono. Y el Mono me miraba y esperaba que yo hiciera lo que él no se
animaba. Y yo solo hacia lo único que podía hacer, mirarlo.
Ella cerro el cajón de la ropa interior. Se volteó
para meterse en la cama y vio como su novio que se soltaba el pelo y los rulos
le caían estirados sobre los hombros. Rulos sin sal, pensó.

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