Comentarios a "Un meo diferente", de Natalia

 


 Un meo diferente

- ¿Hay alguien en el de al lado?

- Creo que no. (acá podríamos insertar una acotación del narrador que sitúe esta respuesta que no sabemos quién es, de dónde viene, etc. Por ejemplo: –responde una voz desde el cubículo.)

- Me hago encima, yo me meto. ¡AhHa! ¡Qué suerte! No hay nadie.  ¡Uf! Qué alivio. Creí que no llegaba al inodoro. Este boliche de mierda tiene los baños en la loma del orto. ¿Vos venís siempre acá? 

-

- ¡Hey! ¿Me escuchás? Soy la que está meando acá al en el baño del lado.

- Sí, yaquién sos, no hay muchas más personas acá. Es la primera vez que vengo y me parece un asco este lugar. No vengo más.

- Tampoco es para tanto, tiene los baños lejos, pero la música está buena y la gente es piola, salvo los borrachos que se ponen pesados, como pero que hay en todos lados. 

- Me parece que sos vos la que está un poco borracha ahora.

- Y, ¡bue! Estamos en un boliche, más vale que estoy tocada, pero nada más. Un poco alegre, para pasar la noche. ¿Vos no tomás?

- Alcohol, no.

- (este silencio podría reemplazarse por una acotación para no cortar el diálogo innecesariamente)

- El alcohol no me hace nada, necesito algo más fuerte para que me sacuda. Por lo general, me inyecto, pero ya ni eso me mejora. 

- ¿De qué tenés que mejorarte? ¿estás enferma?

- ¡Sí! – se ríe – Enferma de hartazgo, no me banco más a nadie ni a nada. Estoy cansada de todos. Por eso me inyecto para no escucharlos, para no verlos, para no recordar que existen. Y de paso para aliviar este el dolor, ese que siento todo el tiempo y que nadie puede entender. 

- Che, pará, ¿no te fuiste de mambo? Alguien te debe caer bien. 

- Creí que me caía bien Elian, pero también me lastimó. Es el amigo nuevo de mi vieja, se hizo el piola hasta que se mostró como es y me rompió

- ¡Bue! Una desilusión ¡Ay! No tira agua en la cadena. ¿Qué hago? Encima hay un olor hediondo acá. ¿La tuya anda?

- No me fijé.

- ¿Todavía no te fijaste? Hace un montón que estás ahí adentro ¿Qué estás haciendo?

- (este silencio también puede suprimirse por una acotación)

- ¿Qué hacés? Mirá que te voy a mirar por arriba, me voy a subir al inodoro así te veo.

- Ni se te ocurra, qué te importa lo que hago, . ¡Andate!

- Bueno, no te calentés. Me voy, o … pero ¿querés que te espere y vamos juntas a tomar algo?

- Ya te dije que no tomo, andate.

- No sé por qué, pero no puedo irme. Quiero Necesito verte la cara, conocerte, tengo miedo de dejarte, no sé qué estás haciendo…

- ¿Vos también? No te conozco y ya estás en la lista de las personas a olvidar por pesadas. Andate, déjame sola. 

- No me voy nada, decime qué hacés.

-

- ¡Hey! Mirá que me subo para espiarte por arriba.

- (para no redundar, podríamos pasar directamente a la descripción de la acción con una acotación que acompañe al diálogo)

- ¡Loca! ¿Qué hacés?

- … 

- ¿Qué hiciste? ¡Ay! ¡Hay sangre en el piso! ¡Me está llegando a los pies! ¡Auxilio! (para dar mayor credibilidad a este cierre del relato y representar mejor la desesperación del personaje podríamos dejar en el diálogo, simplemente, la primera pregunta y el llamado de auxilio. El resto podría ser una acotación final del narrador. Por ejemplo: – ¿Qué hiciste? ¡Ay! ¡Auxilio! – alcanzó a gritar cuando empezó a correr la sangre por el piso/ cuando advirtió que corría sangre por el piso)

Muy buena construcción de la escena a través del diálogo, Natalia, van algunas observaciones y ajustes que le pueden venir bien al texto. Por más que se quiera contar solo a través del diálogo, insertar algunas acotaciones, sin abusar de ellas, es importante para situar cada tanto al lector en el relato.


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