Módulo 7: Los diálogos


 ¿Para qué sirven los diálogos?


Los diálogos son una herramienta muy útil en cualquier narración. No solo dan voz a los personajes, también nos ayudan en muchos otros niveles. En este apunte veremos cuáles son algunas de las funciones que tiene el diálogo dentro de un texto.

Hace avanzar la historia

Una de las principales características del diálogo es que mueve hacia delante la historia de una manera más directa que un narrador.

Hace evolucionar a los personajes

Los personajes también pueden evolucionar a lo largo de un diálogo. De hecho, en todo buen diálogo, al menos uno de los personajes debería sufrir algún cambio de estado.

Aporta ritmo

Los diálogos hacen que el ritmo de la historia fluya de forma más rápida, más dinámica. Siempre será más denso leer un párrafo entero del narrador explicando paso a paso lo que un diálogo puede contar en pocas líneas.

Muestra y da vida

Los diálogos no nos cuentan lo que ocurre, sino que nos lo muestran, dibujan la escena de una forma más vívida y llenan de vida a los personajes. Un buen diálogo nos atrapa rápidamente porque carece de los juicios de valor y las explicaciones del narrador. El diálogo nos permite asistir de primera mano, ser testigos directos de lo que ocurre y así podemos sacar nuestras propias conclusiones.

Caracteriza a los personajes

Los diálogos son uno de los métodos que sirven para caracterizar a los personajes y las relaciones entre ellos. Lo que dicen, cómo lo dicen, el tono en el que hablan y se responden, nos aportan un montón de datos.

Aporta información

Los diálogos ofrecen información que el lector intuye, muchas veces de forma inconsciente, como la relación entre los personajes, sus personalidades, sus estados de ánimo. Pero también aportan datos específicos sobre la trama. Eso sí, toda la información que se suministra en el diálogo debe estar justificada.


Dando forma a los diálogos: ¿qué tipos de diálogo existen?

Estamos acostumbrados a escribir los diálogos según el formato estándar marcado por guiones al principio del párrafo, pero ésta no es la única manera. Los diálogos pueden adoptar formas y convenciones muy distintas según el tipo de obra. Conocerlas bien nos ayudará a la hora de elegir cuál nos conviene más emplear:

  • Forma tradicional anglosajona

En las novelas y relatos anglosajones, cada intervención de un diálogo ocupa un nuevo párrafo, se escribe en cursiva y se entrecomilla. 

Al final de una intervención el punto final se incluye dentro de las comillas. Sin embargo, cuando se va a realizar una acotación, se coloca una coma después de las comillas y el punto va tras dicha acotación.

  • Forma tradicional española

El estándar español es similar al anglosajón en cuanto a puntuación se refiere, pero usamos guiones en lugar de comillas y las palabras pronunciadas por el personaje no se suelen escribir en cursiva. Además, en nuestro formato, los signos de puntuación se complican un poquito más. 

En nuestro formato, cada línea del diálogo empieza con un guión y las acotaciones se colocan entre guiones también y, cuando hay estas acotaciones, cualquier punto o coma que separe el texto se ha de colocar después del guión que cierra dicha acotación. 

  • Diálogo indirecto

Menos usado que los anteriores, el diálogo indirecto es aquel en el que el propio narrador introduce en el mismo párrafo lo que dicen los personajes. Esta forma es difícil de escribir, especialmente si hay muchos diálogos, y se corre el riesgo de abusar demasiado de la conjunción “que”. 

  • Diálogo libre

No usa comillas, ni guiones, ni se cambia de línea con cada intervención. El diálogo se introduce de forma natural dentro del párrafo, en medio de la narración.


Y hasta aquí los principales tipos de diálogo. Obviamente, no son los únicos y pueden hacerse miles de combinaciones a partir de estos, así como nuevas formas. Lo importante es que el texto fluya y que el lector sepa quién está hablando en cada momento. A partir de ahí, depende del ingenio y la pericia del que escribe.

Cómo escribir diálogos: 10 claves para escribir diálogos eficaces

Si escuchamos una conversación real e intentamos llevarla al papel, en seguida nos damos cuenta de que ese diálogo no funciona a nivel narrativo. Las conversaciones reales están llenas de interrupciones, frases sin terminar e incoherencias. La clave está en mantener esa verosimilitud de una conversación real, aunque sin tantos tropiezos. Pero, ¿cómo lo hacemos?

1. Conoce a tu personaje

Es fundamental para ponerle voz a un personaje saber todo lo posible sobre él. Su personalidad, procedencia, edad, educación, profesión, época en la que vive. Son datos que nos darán las pistas necesarias para entender cómo ha de hablar.

Eso sí, ojo con los dialectos o defectos en la dicción de los personajes, porque puede cansar al lector encontrarse páginas llenas de frases mal escritas o difíciles de descifrar.

2. Interpreta su papel

Cuando tengas que dialogar, intenta ponerte en la piel de los personajes, interpretar su actuación. Hazlo en voz alta, no te cortes.

Si te conviertes en el actor de tus propias obras y las interpretas mientras escribes, no sólo te resultará más sencillo crear diálogos que funcionan, sino que incluso descubrirás los gestos y las acciones que el diálogo te está pidiendo.

3. Dinamismo

Utiliza, en general, frases cortas, omite los verbos en algún caso, sé conciso, dinámico, no pierdas el ritmo y el diálogo fluirá mejor. Esto no quiere decir que no puedas añadir intervenciones de diálogo más largas o complejas, pero mejor que no sea la tónica habitual.

4. No expliques, avanza

No uses los diálogos para explicar lo que debería haberse entendido con la acción. El malo que expone su plan diabólico al héroe punto por punto sólo funciona en las parodias. Si tienes que explicar toda la historia a un lector al final para que se entienda, puede que tengas que revisarlo.

Tampoco uses el diálogo para decir cosas que todos los personajes del diálogo ya conocen o que nadie ha preguntado. Plantéate siempre si la frase que se pronuncia en cada diálogo tiene sentido, si alguien podría realmente pronunciarla.

5. Interrumpe de vez en cuando

Una buena forma de hacer verosímil el diálogo y darle ritmo es a través de las interrupciones. Añade cortes, preguntas y comentarios para hacer la conversación más fluida.

6. Enojalos, hazlos dudar

Los personajes tienen que vivir a través del diálogo, mostrar sus estados de ánimo, cambiar de opinión, estar alegres, dudar o enojarse. De nuevo, interpretá y fijate en cómo ha de decirlo, en cómo se siente el personaje cuando pronuncia esa frase. Así descubrirás qué palabras debe emplear y cómo las dirá.

7. Haz que importe

Como cualquier otro elemento de la narrativa, cuando hay un diálogo debería ser porque es la mejor forma de contar ese fragmento, porque tiene que haberlo. Así que, si escribes un diálogo, intenta que sea por algo, que haga evolucionar la historia, para que al menos uno de los personajes cambie de estado de ánimo, porque pasarán cosas mientras hablan.

8. Rompelo con acción

No olvides que, mientras hablamos, no solemos estar quietos. Mientras hablamos, también pasan cosas y detener en ocasiones el diálogo para explicar lo que ocurre también aporta realismo a la escena, además de que nos ayuda a hacerla avanzar.

9. No te pases con los “dijo”

Este tipo de acotaciones han de hacerse notar lo menos posible.

10. Leé

Como en todas las técnicas narrativas, la mejor forma de aprender es escribiendo y leyendo. Fijarse en cómo lo hacen los maestros es fundamental para mejorar nuestra escritura.

Cuando leas una novela o un relato y encuentres un diálogo que funcione bien, subrayalo, fotocopialo, anotalo o marcalo de alguna manera. Luego volvé sobre él y desmenuzalo hasta que entiendas su mecanismo. Pocas cosas te ayudarán más que ésta.


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