En la década de los ‘90 la situación de algunos asalariados no era la mejor, tal era el caso de Horacio, ingeniero y docente universitario y Alicia, su esposa, que como nutricionista trabaja unas horas semanales en un sanatorio e intentaba mantener su consultorio en la casa.
Este era uno de esos días en los que Horacio saldría tarde de su actividad docente, había tenido una jornada agotadora. Saludó a su esposa y preguntó por los niños. Ya estaban listos en sus habitaciones listos para dormir pues al otro día les esperaba el colegio. Pasó a saludarlos y volvió a la cocina donde Alicia calentaba la cena.
-- ¿Qué sucede? Te noto triste, pasó algo con los niños?
-- No, no. No pasó nada
-- ¿Hay otro problema, entonces?
-- Yo soy el problema, respondió la mujer.
-- ¿ Cómo que vos sos el problema? ¿Qué te ocurre?
-- Estoy enferma…
-- ¿Enferma? ¿ Y cuán grave es la afección?
-- Tengo cáncer de mama. Hoy me lo confirmó el médico.
Horacio se derrumbó en una silla del comedor y empujó el plato en señal de no recibir comida.
-- ¿Cómo es que hoy te lo confirma y yo ni siquiera sabía que te habías realizado estudios? ¿Qué soy yo acá? ¿ El pesimista?
-- Podría decirse que sí - respondió visiblemente Alicia - Pasás más horas fuera de la casa que con tu familia.
-- Salgo a trabajar para mantener esto, que con mucho sacrificio hemos logrado. ¡No ando de joda!
-- ¿ Y yo? me enfermé porque me gusta soy masoquista?
-- No es momento de discutir sino de buscar solucionar.
-- No hay soluciones mágicas. El proceso está muy avanzado.
-- Ni con cirugías, algún tratamiento?
-- No voy a someterme a esos tratamientos cruentos que no dan ningún resultado, te destruyen al máximo (fragmento ilegible). No voy a permitir que me torturen con quimios y rayos como lo hicieron con mi madre.
-- Pero puede haber nuevas técnicas, la medicina avanza día a día.
-- Ya dije que no voy a aceptar ningún tratamiento cruento. Sólo los que ofrece la medicina alternativa.
-- Creés que un té puede curar un cáncer?
-- Yo decido sobre mi cuerpo. Nadie me va a obligar a nada.
-- Tu egoísmo no tiene límites. Te olvidás que tenemos dos hijos que nos necesitan?
-- Hay cantidad de niños que crecen sin su madre.
-- Basta! Te escucho y no puedo creer que piense así. Mañana voy a ir a hablar con tu médico.
Abandonó la silla sin probar bocado. Se acotó pero no pudo dormir ni un minuto. Se levantó muy temprano y avisó que no iría a trabajar. La ansiedad lo dominaba y se fue a buscar al médico. Tras una larga espera se reunió con el profesional. Hablaron largamente. De regreso sonaban en su mente: nódulos, metástasis, rayos, quimio y lo peor, pocos meses de vida. Entró en su casa como un zombi. Los niños ya estaban en el colegio. Abrazó a Alicia fuerte, fuerte y ella se aferró a su cuerpo.
-- Te quiero - susurró - Fuerza, estoy con vos, te quiero con el alma.
Ambos hubieran querido detener el tiempo y en sólo 24 hs encontrar todas las soluciones. Pero los días y los meses se fueron consumiendo sin pausa. Y el pronóstico se cumplió inevitablemente.

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