La
Bruja del Castillo.
Un grito en el Bosque Silencioso asusta otra vez a los
pájaros de los arboles; Penélope había tenido la misma pesadilla.
Asustada se levanta de la cama y busca en la mesa el jarrón
de hojalata. Mientras bebe, para tranquilizarse, piensa en como revertir el destino de su pesadilla:
envejecer.
Deja el jarrón abruptamente y decide ir al Castillo de la
Bruja.
Sale de su cabaña y comienza su camino por el bosque;
tropieza con piedras y ramas, pero no se detiene y logra llegar al gran
Castillo. Golpea la vieja puerta de madera y se escucha el chillido de la
cerradura.
Penélope entra en la inmensa oscuridad hasta ver la tenue luz de una vela. Detrás de ella, siente
la presencia de la Bruja, una anciana jorobada
y arrugada. Retrocede unos pasos pero la bruja se acerca aún más y deja ver en
sus grandes ojos oblicuos el reflejo de Penélope envejeciendo.
La Bruja se aleja y en uno de sus estantes saca una pócima
mágica; la eterna juventud. Penélope con desesperación intenta arrebatárselo de
las manos,
La Bruja riéndose le pregunta si entregaría su corazón a
cambio y sin pensarlo Penélope acepta y de un sorbo toma la pócima, mientras la
Bruja desaparece entre medio de tinieblas y dejando su risa maléfica.
La pócima mágica trasforma a Penélope en una niña eterna sin corazón.
Ahora, arrepentida de su decisión, busca en los corazones
de los animales del Bosque Silencioso los sentimientos que perdió.
Stefy.

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