“Un lugar para el amor” - Natalia



 Ejercicio N° 1: "Tema, argumento y trama" 

Tema elegido: El desamor

Argumento 1:

Una mujer joven siente que no es querida, no se siente aceptada en su grupo de amigues, ni por sus parejas. Busca entre diferentes opciones sexuales, pero sólo encuentra rechazo y desvalorización. En el proceso de búsqueda, se descubre a sí misma, su pasado y sus expectativas, reconoce lugares oscuros en su memoria. El develarlos, le permitirá sentirse amada.

Argumento 2:

Una mujer joven madre de 4 hijos no soporta la maternidad, intenta huir de las demandas de sus hijos. No tiene cómo mantenerlos, los padres de todes la abandonaron. Se siente perdida, sabe que tiene la opción de prostituirse y lo hace. Comienza (o continúa) una vida cercana al delito, es detenida y vive en prisión, su primer amor.

Argumento 3:

Una madre adoptiva siente la frustración del desamor de sus hijas. La vida juntas, no le permitió construir un lazo de amor que reemplace al biológico o lo refuerce. Sus hijas la abandonan, la desprecian, no la aceptan, buscan sus caminos demasiado lejos de casa. Ella se hunde en el dolor y ofrece su cuerpo como ofrenda a éste.

 

Argumento elegido: Numero 2

Trama N° 1:

-        Una pareja de jóvenes se forma en un aula de una escuela de una cárcel.

-        Compañeres del joven varón le advierten sobre el pasado de la joven mujer.

-        La joven mujer habla de su pasado y le habla él. No se avergüenza de eso.

-        El joven varón responde a las agresiones y advertencias, viviendo apasionadamente, el amor que tendrá final.

Trama N° 2:

-        Una joven mujer, madre de cuatro hijos, declara en tribunales por el robo a un “cliente”.

-        En la declaración, utiliza como justificativos, su situación social, económica y familiar.

-        Los que le toman declaración la inculpan, juzgándola moralmente por su rechazo a la maternidad y por prostituirse.

-        Cuando llega a la cárcel, la joven se inscribe en la escuela en donde conoce a un hombre del que se enamora inmediatamente y cuyo amor es correspondido.

Trama elegida: N° 2

Cuento: “Un lugar para el amor”

Llegué a la sala de audiencias de tribunales con las manos esposadas y acompañada por dos canas que me tenían de los brazos. Me hacían caminar más rápido de lo que yo quería. Ellas estaban apuradas, pero yo no. Yo quería ver la calle, las gentes que pasaban, los negocios, respirar ese aire reconfortante, sentir un poquito el sol en mi cabeza y en mi piel. Quería demorar ese momento. Me importaba una mierda que me miraran y endurecieran sus gestos al verme. Solo quería estirar ese momento. Pero no lo logré, obvio. Como no logré tantas otras cosas.

Me sentaron con un empujón en una silla bastante más cómoda de las que conocía y pude observar la situación. Un espacio amplio, varias sillas rodeando un escritorio. Muebles chetos, raros, adornos en el escritorio y muchos papeles desordenados. Apareció el que dijo ser mi boga y se sentó al lado mío. Me saludó haciéndose el amigo y me dijo que estuviera tranquila, que iba a salir todo bien. Que dijera lo que habíamos acordado por teléfono y que seguro podríamos llegar a un abreviado.

Mientras miraba y escuchaba todo el movimiento del lugar, me dejé llevar por la vista de la ventana. Como estábamos en el segundo piso, podía ver algunos edificios, pero también mucho cielo. Medio como que me había colgado cuando me hicieron parar, va… me pararon de prepo porque había llegado el fiscal. Un ortiva. Sin muchas vueltas me pidió que relate el hecho.

Se lo conté, como habíamos quedado con el boga. El fiscal me miraba con esa cara de orto que ponen todos cuando no te entienden ni te creen. Cuando terminé me empezó a preguntar por qué me prostituía. Tardé en responderle la pregunta idiota que me hacía el gil. Y le dije lo que él quería escuchar. Que tengo cuatro hijos, que no tengo trabajo, que nadie me da trabajo porque tengo antecedentes, que tengo que darles de comer y que son chiquitos.

Él se quedó callado un rato mirándome con cara de amenaza. Pero yo le sostuve la mirada, ¿que se cree?, ¿Que le tengo miedo? Gil! Hasta que largó la lengua: que soy una mala madre, que los chicos están abandonados, mal vestidos, sucios, con piojos, que no van a la escuela, que se portan para el orto, que todos en el barrio los quieren echar o que me los quiten, bla bla bla bla.

Que tengo que rescatarme, hacer un tratamiento para las adicciones, que “vender mi cuerpo” no es la única opción que tengo, que tengo que estudiar y rescatarme para poder recuperar a mis hijos. Que él iba a pedir un juicio abreviado, pero siempre y cuando yo me comporte en la cárcel, vaya a la escuela, pida una fajina y no me mande ninguna.

El viaje de vuelta al penal fue triste. No es que hubiera tenido alguna esperanza en que las cosas fueran diferentes, pero no sé por qué me invadió una enorme angustia. Tenía ganas de cortarme de nuevo, sentir el frío de la navaja en mis manos o mejor en el cuello directamente esta vez. Sólo pensaba en eso y en los pendejos de mierda que me tenían harta, que siempre ellos aparecían en mi vida, siempre me los recordaban, aunque yo quisiera alejarme todo el tiempo de ellos.

Llegué al penal y me corté. Conseguí una navaja a cambio del paquete de cigarrillos que me había llevado el boga, fui al baño y me corté en el cuello. Cuando me desperté estaba en la camilla del penal. Me habían cosido, los hijos de puta y me salvaron. Tres días de calabozo y tremenda dosis de pastillas me dieron.

Cuando volví al pabellón todas se hacían las buenas conmigo y me vinieron a hablar las canas de la escuela. Dos minas con guardapolvo blanco que se hicieron las buenitas y me dijeron que tenía que ir a la escuela, que es lo que el fiscal había pedido para mí, que era una oportunidad y no sé cuántas boludeces más.

Me quedé pensando en la escuela, ¡qué mierda era eso! Me acuerdo de cuando era pendeja y fui a la escuela, me trataban para la mierda. Lo único bueno era que comía ahí y jugaba con los otros pendejos. Tuve que hacer un montón de años para poder terminar el primario, si soy burra yo, no sirvo para la escuela.

Al otro día me hicieron preparar temprano para irme, me sumaron al grupo de chicas que iban a la escuela y llegué al penal de varones, ahí estaba la escuela. “Ella va a primer año, pero es nueva” – dijo la milica maestra. – “Primero tiene que pasar por la oficina de la escuela”. Así que me separaron del resto de las chicas y me llevaron a otro lado. Ahí me preguntaron sobre lo que había hecho en la escuela y qué se yo. Ya estaba harta, me quería volver al pabellón, a dormir, a fumarme un careta.

Pero me llevaron a un aula. Me dieron un cuaderno y un lápiz y me dijeron que me siente adelante, junto a las otras dos chicas que también iban a esa aula. Entré asustada, pero no había mucha más gente que las otras chicas y la profesora que se hizo la buena y me preguntó cómo me llamaba. Me senté incómoda, me quería ir. No me importaba nada de ahí, quería fumar. Intenté prenderme un careta que había conseguido antes de venir, pero la profesora se mostró mala y me dijo que no fumara ahora. Que ya empezaba la clase.

Creo que fue ahí, o un poco después, no me acuerdo bien. Se abrió la puerta y entraron todos los del pabellón 5. Eran una banda. Las otras chicas se alborotaron y empezaron a saludarse todos. Fue ahí que lo vi al Diego por primera vez. Él ahora dice que no, pero estoy segura que a él le pasó lo mismo que a mí. Flayé cuando lo vi. Se me movió toda la estantería. Vi que se acercaba a darme un beso y me estremecí. Creo que me mojé. Me embobé como una estúpida.

Todo ese día nos miramos. Al día siguiente nos tocamos. A escondidas de los profesores, él me metió una mano por atrás del pantalón y yo me contuve para no quejarme y esconder todo el placer que sentía. Nos dejaban sentarnos juntos porque él era el preferido de la coordinadora y le tenían confianza. Decía que me ayudaba a ponerme al día con las tareas y me explicaba. Al otro día yo lo toqué a él a escondidas y le hice ver las estrellitas, no creo que haya podido disimular con la jeta, el goce. Se reía intentando no ser descubierto cuando el profesor lo miraba.

Me convertí en la alumna con asistencia perfecta. Otra vez iba a comer a la escuela, iba a alimentarme de amor.

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