Comentarios a "El monje y el río", de Natalia

 


El monje y el río.

12 de enero noche

Cuando recibí la esquela me quedé perplejo. Me ordenanba (Sugiero pasar a presente los sucesos principales que van hilvanando la historia, y en un pasado cercano las sensaciones que le generan, porque al ser un diario, lo que acontece lo escribe en el día. Te lo cambio en el primer párrafo y después probamos de ajustar los tiempos en los siguientes) retirarme del monasterio y recorrer la ciudad hasta llegar a su extremo norte. Luego dirigirme a Ugasta, la ciudad vecina, en el algún transporte público para encontrarme allí con Jabut, un joven monje que necesitaba mis consejos de anciano. Tengoía órdenes de no dialogar con nadie, apenas solamente lo indispensable para poder llegar hasta Ugasta. 

Un escalofrío recorrió mi cuerpo de pies a cabeza y viceversa. Las ideas se estrellaban en mi mente sin saber no sabiendo qué rumbo tomar. Tuve que apoyarme en la pared que separa el ingreso de la sala de meditación para no caerme. No podía quitar los ojos del papel. Lo Leía y releía re leía, sin poder entender: ¿por qué, luego de dieciocho años de clausura, debía salir?.

 

12 de enero madrugada

En el techo de la habitación, intenté encontrar alguna respuesta. Me pasé la noche boca arriba, queríaendo (Para que el texto fluya mejor vamos a tratar de evitar, en la medida de lo posible, el uso de gerundios.) descansar, pero no lo lograbasin lograrlo. Los músculos de mi cuerpo viejo pero intacto (a qué se refiere con intacto? suena raro), se tensionaban de una manera desconocida, el estómago me reclamaba algo que no lograba descifrar, y la impaciencia se adueñó de mí.

En lugar de respuestas encontré más preguntas. ¿Qué le pasaría a este joven monje? ¿Tan importante sería su persona como para sacarme de mi lugar? ¿EncontraríaCómo haría para encontrar el modo de llegar a Ugasta? ¿Cómo soportaría el aire y el sol, el viento o hasta la lluvia? ¿Por qué me habían elegido a mí?

13 de enero

Levantado desde antes de las cuatro, intenté iniciar mi rutina diaria. Tenía que salir a las ocho8 (Salvo excepciones que ya veremos más adelante, en textos literarios vamos a escribir los numeros siempre en letras.) y eso me impediría realizar las meditaciones de media mañana, el aseo semanal de mi dormitorio, y la preparación de la fruta de estación para los dulces.

Así que Intenté realizar la meditación inicial. Tuve que poner en práctica todas las técnicas de concentración que había desarrollado durante estos dieciocho18 años, porque no me fue fácil, como lo era habitualmente. Cuando lograba poner la mente en blanco y conectar con mi espíritu, la imagen de la carta se aparecía en mis pensamientos. Luego de un buen rato, decidí abandonar la meditación.

Los demás monjes vieron cómo mi cuerpo no lograba la quietud y el remanso necesarios y acostumbrados. Sentía que me observaban por debajo de sus capuchas. Me incomodé, así que me retiré y comencé con el aseo semanal de mi habitación para intentar distraerme con actividad. Era eso lo que me pedía mi cuerpo.

13 de enero 8 hrs.

Cuando se hizo la hora, me dirigí al ingreso del monasterio. Atravesé los pasillos y los patios (los conoce, sabe bien cuáles son porque vivió muchos años ahí) sintiendo en la nuca la mirada acusadora de todos los monjes. Debía retirar un sobre con más instrucciones. Lo tomé, miré un mapa dibujado y me dirigí con seguridad hacia el picaporte de la enorme puerta.

Sentí que las piernas me temblaban. Tuve que hacer mucha fuerza para poder abrir la puerta, tomarla con las dos manos y realizar un movimiento de pivot con las piernas. Ese esfuerzo me distrajo, no pude de sentir el viento que se metió en el monasterio y me sacó la capucha, pasando por todo mi rostro y sacándome la capucha.

A penas pude librarme de la puerta, me paré de espaldas asobre ella del lado de afuera e intenté recomponer mi forma y mi vestimenta. Por la calle Corría un viento helado, propio de enero dicen, que penetró mi rostro y me hizo sentir muy vulnerable, casi dolorido. Me detuve un poco a observar con detenimiento. Algunas gentes pasaban caminando apuradaos por la vereda del monasterio, sin siquiera tomar registro de mi inquietante presencia. Otros pasaban por la vereda del frente, más indiferentes aún a mi cuerpo sufriente.

Los miraba con temor y con curiosidad, esperabando que no quería que se dieran cuenta de que yo estaba ahí, sufriendo como nunca el frío penetrante de ese viento helado. Respiré profundo (acá le agregamos un adjetivo para diferenciar de la respiración normal, que nunca dejó de hacer.) varias veces y comencé a caminar. Lo hice instintivamente hacia la izquierda olvidando las indicaciones del mapa. Caminé lentamente, mirando asombrado el movimiento de la ciudad. Las calles empedradas, cada vez más gentes caminando apurada, abrigada, intentandoqueriendo luchar contra el frío. Negocios iluminados como si fuera de noche, exhibíanexponiendo diferentes artículos que llamaron mi atención y me distrajeron. Creo que, si alguien me hubiese visto, se habría sorprendido del tamaño de mis ojos queriendo abarcarlo todo. Si alguien hubiese escuchado mi corazón se habría inquietado por la fuerza y rapidez con la que golpeaba mi pecho. Si alguien me hubiese olido, se habría espantado por lo nauseabundo de la transpiración que emanaba producto del por el inmenso calor que sentía por dentro y que contrastaba con el externo frío exterior.

13 de enero 9 hrs.

Creo que caminé de esa manera durante más de una hora. Siempre derecho, sin recordar mi mapa, solo observando y sintiendo. Variados olores llegaron a mis narices. Algunos agradablessabrosos, otros repugnantes. En el recorrido, descubrí que el sol asomaba fuerte en los lugares sin edificios, y me acerqué a ellos en busca debuscando calor. El contraste del calor interno, con el frío exterior hacía que este último fuera más poderoso. Sentí algo deasí como placer al recibir los rayos de sol calientes sobre mi capucha y me animé a mostrarle miel rostro a ese astro poderoso.

Poco a poco empecé a relajarme y a entregarme a esas sensaciones que invadían todo mi cuerpo. A dejarme llevar. Me animé a doblar hacia un lado y hacia el otro. Comencé a notar diferencias entre una calle y otra. Dejaroné de verse tantos comercios y comenzaron a aparecer casas de diferentes tamaños y formas. Menos gentes en las calles, veredas más anchas. Volví a doblar varias veces más. Estaba totalmente perdido, pero una sensación extraña empezaba a apoderarse de mí. Mis pies pisaban más fuerte, el ritmo de la caminata se aceleró, mi cuello se movía más libremente de un lado al otro, tumbando la capucha para siempre de mi cabeza. En un momento, no sé por qué, ni cómo, pero mis piernas empezaron a correr y de repente sentí un sonido puro, limpio pero firme y contundente. Seguí el ruido, sabía hacia dónde me dirigía. Corrí cada vez más rápido hacia él, hasta que llegué. Era El río que descargaba la fuerza de su caída sobre las rocas y su furia hacía que el agua desbordara y salpicarda.

Caminado despacio, con el ritmo de la respiración aún acelerado por la corrida, me acerqué al río tanto comolo más que pude y me senté a la orillasu lado. Olvidé qué hacía allí, de dónde venía y hacia dónde iba. Sólo tenía la certeza de que allí quería estar.

Muy bien resuelta la consigna, hay una idea creativa y un tono acorde al entorno de la historia. Van algunas correcciones y sugerencias para ajustar los tiempos verbales; modificar algunos términos o acortar algunas oraciones que le pueden aportar una mejor fluidez al texto. En cuanto a la trama, el desenlace es bueno, aunque se corre un poco del conflicto inicial: la carta, el jovén monje, las instrucciones, la ciudad vecina se presentan como elementos importantes que luego se van desvaneciendo en la historia para enfocarnos en otros aspectos que tienen que ver con las sensaciones del protagonista al abandonar el monasterio. Ambos enfoques están bien, pero quedan algo inconexos. En un cuento se muestra una pequeña parte de un universo mayor, y no es necesario explicar todo, sin embargo, los elementos que se presentan al comienzo, deben tener un cierre que justifique su inserción. Hay una muy buena descripción del ambiente, sin ahondar en detalles, se puede apreciar el lugar, el adentro y el afuera, los monjes. Seguiremos charlando en el taller.


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