Título: El escritor
–Ave María Purísima– dijo Adelita, se persignó tres veces con los ojos ciegos (¿era ciega o la idea es “con los ojos cerrados"?, habría que buscar otro adjetivo para evitar la ambigüedad, tengamos en cuenta que es un microrrelato y que las adjetivaciones deben ser más precisas que metafóricas. Podrías probar con 'los ojos cegados' o los ojos 'encegecidos') y cerró la puerta detrás suyo.
–¿Pero qué ocurre, Adela?– le preguntó la señora de la casa que la vio salir del despacho con los hombros fruncidos (no sé si los hombros se fruncen -suele usarse la expresión para un tipo de mangas en la ropa-, podrías usar “tiesos” o “encogidos” para lograr ese sentido de alteración en el personaje) y aferrada al crucifijo que le colgaba sobre el delantal.
–No entre, mi señora, no entre. El Dr. está exorcizando sus demonios.
–¿Ha tomado un block de hojas?
–No, señora. Dos.
Van algunas observaciones para pulir este relato que está muy bien logrado. A grandes rasgos cumple con las condiciones principales de un cuento corto: se cuenta mucho más de lo que se pone en palabras; deja un margen de interpretación abierta para el lector; tiene una cuota de humor que le agrega valor al final y las dos o tres imágenes que se muestran son muy nítidas.

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